· 

¿Qué es la oración?


Es acercarse con humildad a algo mucho más grande que tú, a tu Dios,  a la naturaleza, al amor, a la vida,  al nombre que tú le des, lo que tú creas que es, por supuesto algo más grande que tú, acercarte con  pensamientos nacidos de tu corazón, de tu mente,  con una gran fe. Y no solo es para clamar su ayuda, es para agradecer todas las bendiciones de tu vida,  es  experimentar cómo muchas virtudes, sucesos, circunstancias, aun las más difíciles o penosas han sido para aprender algo, es la conciencia de que Él ha estado contigo desde siempre.  

 

 

En la oración nos presentamos enfermos, débiles, con temores, dudas, resistencias, profundas heridas que  sangran, alegrías, Nos presentamos conscientes de la  debilidad, pero a la vez llenos de fe porque estamos ante el único que nos puede curar de raíz, el que puede devolvernos la vida, dar un sentido profundo y nuevo a nuestra existencia, a nuestra soledad. La fe no busca evidencia, no quiere tocar a toda costa para poder creer. La oración es ponerse en su presencia, quizás experimentando un silencio que no es indiferencia,  sino un querer expresar ternura. La oración no puede ser curiosidad o rutina. No es una actividad para llenarse de ideas o repetir fórmulas aprendidas de memoria, sin un sentido, monótonas. Esto sería como empujar o estrujar a Dios.  Cuando hay fe y amor, la oración se convierte en buscar el bien de las otras personas, es cuando te das cuenta que nuestro Padre nos ama y ama a todos sus hijos imperfectos, es cuando te das cuenta de lo especial que eres, así como también  lo son los demás.

 

El acercarse a Dios por medio de la oración va más allá de reconocer o simplemente creer. Debemos acercarnos a Dios con el corazón correcto, con el anhelo de conocerle y recibirlo en nuestra vida. Platicar con el expresando las dudas, aun a veces la incredulidad. Acercarnos de manera voluntaria, tomando en consideración que Dios le dio al hombre el libre albedrío  para escoger el camino que desea seguir. Por esto, el acercamiento a Dios debe ser por voluntad propia, no para evadir al hombre o complacer a los demás, que este  acercamiento sea porque nace del corazón. Dios se encargara de dirigir y proteger nuestra vida. Si sentimos confianza en que Dios hará su obra en nosotros, estaremos entendidos que El estará trabajando en nosotros, aunque no entendamos lo que él hace y nos desesperemos por su silencio.

 

Generalmente cuando estamos bajo la voluntad de Dios, nos suele pasar que no entendemos la manera por la cual obrar, pero si tenemos la disposición de pedir conforme a su voluntad Él nos oye y obra en nuestra vida, haciéndonos entender su propósito, su voluntad agradable y perfecta.

 

Por ello, es que debemos acercarnos a Dios con un corazón rendido a él, para que se cumplan los diseños establecidos para muestras vidas, de esta manera se somete la  carne, lo material, lo vano y superfluo, los defectos y los deseos egoístas, es un acto de obediencia, para que él se pueda empoderar de ti, y manifieste su poder.

 

Habla con el cómo hablas con tus amigos, confiésale lo que te está pasando, no temas ni sientas vergüenza, pídele guía en todos los aspectos de tu vida, cuando te muestres ante el débil y vulnerable, él te arropara, escoge un momento en el que estés a solas, cierra los ojos y escucha tu respiración, escucha los sonidos a tu alrededor, percibe el aire que entra por tú nariz, percibe el aire que te envuelve, imagina que Él te abraza,  imagina que Él te mira con dulzura, que solo esperaba tu acercamiento, porque sobre todo, hay que dejarse querer por El que nos conoce, nos acepta tal cual somos,  nos espera y al instante nos abraza con amor.




Escribir comentario

Comentarios: 0