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La alegría


Un auténtico signo de espiritualidad es la sonrisa espontanea, la alegría, la comprensión, el abrazo, la carcajada, dejando a un lado  lo que  esté ocurriendo,   estar alegre como un niño que intenta hacer algo y se siente feliz sin importar si lo logra o no, lo más importante es el esfuerzo que se realiza.  Reír es una manifestación de alegría que definitivamente contribuye al buen estado de la salud física y mental.

 

Expertos han demostrado los enormes beneficios de la risa. Algunos de ellos destacan que la risa, además de mejorar el estado de ánimo, calma la ansiedad y la depresión, favorece la comunicación, da mayor esperanza de vida y embellece a la persona.  Albergar continuamente pensamientos negativos provoca desaliento, ira o preocupación y hacen difícil experimentar alegría. Pero, focalizar la atención hacia pensamientos de esperanza, gratitud y amor a la vida, lleva a mejores resultados.

 

Lo mejor es preservarse de aquellos pensamientos que nos perjudican. Lo que se piensa  está relacionado con la manera en que se vive. El humor, por ejemplo, cambia el pensamiento y este cambio mental produce ajustes en el cuerpo y, por consiguiente, en la salud. Cuando se  deja de pensar en el temor, se encuentra el camino para la curación y el bienestar.

 

La alegría interior inspirada por el Amor enriquece la experiencia diaria y nos acerca a las personas para compartirla y expresarla naturalmente, el mantenerse  alegre, reflejando cualidades como humildad, amabilidad y solidaridad. Esas cualidades espirituales señalan el camino hacia la irradiación interior que refleja la energía de la Vida espiritual. La alegría verdadera es aquella que perdura antes las circunstancias adversas, porque no es superficial, sino real y parte de nuestro interior, como ideas creadas por el Amor.

 

Es interesante observar como esa manera de pensar y actuar puede naturalmente hacer parte en nuestra vida y traernos muchos beneficios. 

A medida que se comprende que la alegría como una cualidad espiritual proviene de la consciencia universal, será más natural reconocerla como parte de nuestra herencia divina. Reflejar esa felicidad, embellece y eleva el corazón de todos aquellos que se encuentran a su alrededor.

 ¿Quieres ser una persona espiritual?  Comienza a sonreír, a prestar atención a lo mejor de cuanto te rodea, a agradecer cuanto te ha sido regalado…  Puede que lo demás, vaya viniendo naturalmente, sin prisas pero sin pausas…  

 



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