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Arrepentimiento


El arrepentimiento es el pesar que una persona siente por algo que ha hecho, dicho o dejado de hacer. Quien se arrepiente cambia de opinión  tras analizar su conducta y si encuentra algo negativo en ella y reconoce que se ha equivocado hay una sensación de culpabilidad. Aunque la gente responda emocionalmente, el arrepentimiento no es una cuestión emocional; es una cuestión espiritual. Arrepentirse simplemente significa cambiar de mentalidad, cambiar radicalmente de postura, o darse vuelta para ir en una dirección diferente. Tiene un componente racional porque se hace un análisis de un comportamiento anterior. También hay un componente emotivo, un sentimiento de malestar interior, de pesar, incluso de vergüenza hacia uno mismo.

 

 

Arrepentirse es un acto espontáneo, que debe surgir de la comprensión legítima de los propios errores, aunque esto no significa que no vuelvan a cometerse. A grandes rasgos, puede distinguirse entre faltas involuntarias y voluntarias, siendo estas últimas las más fáciles de evitar. Ciertos trastornos psicológicos llevan a las personas a cometer actos de variada gravedad que perjudican a terceros, sin realmente desearlo o, en algunos casos, sin ser conscientes de ellos.

 

En casos de esta naturaleza, puede existir un arrepentimiento auténtico a pesar de que la situación no mejore. Es importante señalar que algunas enfermedades dan origen a  crímenes tales como violaciones y asesinatos contra la voluntad de quien los lleva a cabo; sobra decir que esto resulta muy difícil de entender y aceptar para las víctimas y sus seres queridos. Tanto los estudiosos de las Escrituras como los especialistas en filología han debatido y debaten sobre el origen de este concepto. Para algunos viene del concepto griego metanoeo y quiere decir cambio de mente. Se afirma igualmente que su raíz es latina, concretamente de la palabra poenitere y expresa el remordimiento en relación con algo que ha sucedido.

 

Hay un aspecto psicológico curioso en el arrepentimiento, consiste en el deseo extraño de borrar algo, como si se quisiera volver al pasado para no cometer un error. Otro ingrediente llamativo consiste en el reconocimiento explícito del arrepentimiento, y es lo que sucede en el ámbito de los delitos, cuando el delincuente manifiesta arrepentimiento, esta actitud puede ser valorada positivamente para que el juez reduzca el castigo como reconocimiento de su culpabilidad.

 


 

El psicoanálisis aporta su versión sobre el arrepentimiento. El súper Yo es la estructura normativa, social y moral de nuestra mente y desde ella el hombre juzga sus acciones, las cuales afectan al Yo. Por otra parte, el Ello (los instintos) también presiona al yo. El arrepentimiento aparece, por tanto, cuando hay un desajuste entre una estructura mental y otra; la moral dice que algo está mal, los instintos nos empujan a hacer algo supuestamente negativo y en esta tensión surge el arrepentimiento.

 

En un sentido religioso, el arrepentimiento consiste en reconocer los pecados, cambiar la actitud y pedir el perdón de Dios. En la religión católica, se asocia el arrepentimiento al sacramento de la Confesión o Penitencia, a través del cual el fiel confiesa sus pecados a un sacerdote, quien le impone una penitencia como reparación de dichos pecados y, finalmente, le otorga la absolución.

 

El arrepentimiento es mucho más que simplemente apartarse del pecado y no volver a cometerlo, ya que implica un verdadero cambio en la mente de quien ha obrado mal. La Biblia considera que arrepentirse tiene como consecuencia un cambio en la conducta, una auténtica conversión a Dios que guarda una estrecha relación con la salvación.

 

En los Evangelios aparece con frecuencia esta idea, en el sentido de que el arrepentimiento es el camino para lograr la salvación y entrar en el reino de los cielos. Y para que sea efectivo, tiene que ser sincero, por lo que no es suficiente hacer un gesto simbólico que manifieste el rechazo hacia lo anterior, sino que debemos reconocer el error de manera sincera y con un arrepentimiento auténtico, no fingido. A través del mismo es posible perdonar los propios pecados, conseguir un espíritu puro y acercarnos a Dios.

 

 



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