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¿Cuándo el duelo se vuelve un problema?


El duelo es una respuesta emocional normal ante una pérdida. Por lo general pensamos en la pérdida  de un ser querido por fallecimiento, pero también se pasa por un duelo en una ruptura de pareja, con un familiar o una amistad, o después de la pérdida de una mascota o un objeto que tiene un valor emocional.

 

 

 

Cuando el dolor por una pérdida dura demasiado tiempo y los mecanismos de defensas naturales para superar la perdida parecen fallar, podemos encontrarnos ante un duelo patológico. Este estado emocional, puede influir de forma muy intensa en la salud mental, física y espiritual. El duelo no sano o patológico es más frecuente en personas que han sufrido la pérdida de un ser querido por fallecimiento.

 

En el duelo, el dolor producido es total: es un dolor biológico porque duele el cuerpo, psicológico porque duele la personalidad, social porque duele la sociedad y su forma de ser, familiar porque duele el dolor de otros y espiritual porque duele el alma. En la pérdida de un ser querido duele el pasado, el presente y especialmente el futuro. Toda la vida, en su conjunto, duele.

 

 

La duración y expresión del duelo normal varía mucho de una persona a otra y puede durar de dos meses a dos años. Sin embargo hay que estar atento por si aparecen síntomas que pueden indicarnos que no estamos ante una reacción de duelo sano, como por ejemplo:

 

· Tener sentimientos prolongados o reiterados e intensos de culpa por cosas que hemos hecho o dejado de hacer, con o por la persona querida.

· Pensamientos recurrentes de que es el doliente el que debería haber muerto en vez de la persona querida

· Preocupación obsesiva acerca de no ser capaz de rehacer la vida, acompañada de un sentimiento de inutilidad.

· Enlentecimiento psicomotor acusado.

· Deterioro funcional acusado y prolongado, es decir, no poder desenvolverse de forma ágil en las actividades de la vida cotidiana.

· Experiencias alucinatorias distintas a las de escuchar la voz o ver la imagen fugaz de la persona fallecida, que estas si pueden ser normales en un proceso de duelo.

· Aparición de mecanismos de defensa, como la negación de la muerte del ser querido o el desplazamiento de los afectos a otras cosas e incluso animales.

 

El duelo es un proceso que hay que pasar, que tiene  fases y que no es patológico en sí mismo. Sobre todo lo más importante es que el duelo tiene que tener un final, no se puede estar con un duelo continuo. En algún momento es necesario transformar la relación con esa persona o con esa situación. La muerte o la pérdida no implican el final de esa relación, implica la transformación de ella, pues aunque la persona no esté presente en lo físico, si están  presentes los recuerdos y el amor que se siente por ella, como se dice en la ciencia, nada se destruye, todo se transforma, así es en estos casos, ya no se puede dar el amor y detalles a esa persona, pero los recuerdos si lo están. En el caso de un divorcio la relación no será igual, será diferente, pero siempre existirá y es necesario liberarla.

 

 

En esos momentos de pérdidas la fe, la plegaria, la meditación, los rituales, las creencias sobre la vida y la muerte pueden ayudar, así como  buscar ayudar y dar apoyo a los que sufren, el dar a los demás momentos de escucha, brindar oportunidad de aumentar los sentimientos positivos y el bienestar tanto en lo  afectivo como en lo espiritual, el darse a los demás alivia la pena.  

 

 

En estos asuntos los representantes de las comunidades religiosas, a partir de su diversa formación religiosa, y de la dimensión ética, los valores de la religión profesada y desde un profundo sentimiento de compasión por el dolor ajeno, suelen en general estar capacitados para brindar apoyo, un buen amigo, un terapeuta o profesional brindan consuelo a los que enfrentados con la muerte y las pérdidas deben transitar y atravesar las distintas etapas del duelo y de esta manera aumentar sensaciones y estados de mayor paz, bienestar, armonía y calma espiritual. La peor decisión que uno puede tomar para evitar el dolor es empezar a beber, fumar, drogarse o tratarse con medicamentos controlados, todo esto creara adicción que resultara en una problemática más difícil que no resolverá el duelo.  Lo importante es pedir ayuda. Este tipo de ayuda espiritual logra una mayor comprensión del sentido de la vida, estimula una conexión más positiva consigo mismo y con los demás, con el presente, a partir de valores y aspectos espirituales presentes en cada religión.

Pasar  las pérdidas como parte natural de la vida, reconociendo el dolor que nos ha provocado pero siendo capaz de seguir adelante, siendo capaz de ir generando nuevas  expectativas emocionales sería el objetivo del acompañamiento espiritual ante estas situaciones de la vida.

 

 



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