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¿Qué es la sombra?


La sombra, concepto acuñado por el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung, representa el inconsciente, la personalidad oculta que tiene toda persona. A simple vista la mayoría de nosotros aparentamos y nos percibimos como seres buenos y nobles. Sin embargo, en nuestro interior hay ciertas dimensiones reprimidas, instintos heredados donde a veces se esconde la violencia, la rabia, el odio…

 

Todas las personas tienen, sin tener conocimiento de ello, una parte de sí mismas oculta en la oscuridad, en la sombra. Las experiencias infantiles más traumáticas y todo aquello que no nos dejaron ser lo guardamos en un rincón, con el tiempo, se convierte en la sombra. Esa parte oscura, la sombra, se utiliza, de forma inconsciente, no sólo para enterrar todas aquellas experiencias traumáticas de violencia y sufrimiento que no se pudieron asimilar en su momento por ser demasiado pequeños e inmaduros, sino también, para esconder y de alguna forma proteger del exterior todos los rasgos de su personalidad y anhelos que fueron acallados o modificados por la crianza coercitiva recibida en casa o en la escuela.

 

Como escribiera Jung: “Uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz, sino haciendo consciente la oscuridad”. Él explicó que existen diferentes tipos de sombras y que un modo de alcanzar el bienestar, la sanación y la libertad personal es haciéndolas conscientes, enfrentándonos a ellas.

 

El arquetipo de sombra no habita únicamente en cada persona. En ocasiones, también está presente en grupos de personas, en sectas, en algunos tipos de religiones o incluso en partidos políticos. Son organizaciones que pueden en un momento dado, sacar su sombra a la luz para justificar actos violentos contra la propia humanidad.

La sombra es más destructiva, insidiosa y peligrosa cuando más se reprime, es entonces cuando se proyecta  apareciendo  según Carl Jung en perturbaciones como la neurosis o la psicosis.

Asimismo, Jung diferenció en su arquetipo de la sombra dos tipologías. La primera es la sombra personal, la que llevamos todos con nuestras pequeñas frustraciones, miedos, egoísmos y dinámicas negativas más comunes. Sin embargo, también estaría la sombra impersonal, esa que contendría la esencia de la maldad más arquetípica, la que acompaña a los genocidas, asesinos despiadados, etc.

 

Para iluminar nuestras zonas oscuras y darle voz a aquellas vivencias, deseos y rasgos de personalidad reprimidos, tenemos que traerlos a la luz y trabajarlos con un profesional de la salud o en un grupo de autoayuda. Asumir el  pasado por más oscuro y demoledor que sea, para ver cómo  afecta el presente y trabajar en ello para que no siga perjudicando a uno mismo, ni a nuestros seres queridos.

 

Por otra parte,  recuperar la conexión con nuestro interior, conocernos a nosotros mismos e integrar en nuestro yo consciente todos aquellos rasgos de personalidad, deseos y sueños que hace  tiempo quedaron ocultos en nuestra sombra, nos hará crecer y sentirnos más completos y felices consigo mismos.

 

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