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Contaminación por las mascotas caninas


De acuerdo con datos del INEGI, México es uno de los países de América Latina con el mayor número de perros, con aproximadamente  19 millones de animales. De ellos, sólo un porcentaje tienen dueño, otros más viven en la calle. Aunque algunos dueños sí son responsables de su mascota, otros no lo son, ocasionando con su falta de responsabilidad este tipo de contaminación, aunado a esto, existe una amplia población de perros callejeros que también defecan al aire libre. Este material fecal se queda en las calles, ocasionando problemas ambientales y de salud, tanto para las personas como para otros animales. La materia fecal de perros que queda en las calles se ha convertido en un grave problema ambiental con fuerte repercusión en lo que a salud pública se refiere.

 

Según datos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), un perro de tamaño promedio, es decir, unos 15 kilos, evacúa diariamente cerca de 600 gramos de excremento. Esto significa un total de 18 kilos al mes, de los que la mayoría son heces  no son recogidas o provienen de animales en situación de calle.

 

El problema comienza desde el momento en que la materia fecal toca el suelo: mal olor y moscas que rodean la deposición son el principio de un ciclo peligroso que conlleva graves riesgos para la salud. Pasadas las 24 horas desde que el perro defecó, el sol y la humedad comienzan su parte. Por un lado, los rayos solares solidifican las heces, éstas se convierten en polvo y de esta manera son dispersadas por el viento. La humedad y la lluvia hacen que esta se disperse; en este caso las posibilidades de que se contaminen el agua, los alimentos y el aire aumentan. La materia fecal que se deja en plazas y veredas se seca y se transforma en polvo, esto produce polución del aire, del acuífero subterráneo, de los depósitos de agua, de lugares de recreación y, además, pueden ingresar a nuestro organismo a través del aire que respiramos o de la ingesta de alimentos que son elaborados en la vía pública.

 

 

Los parásitos comunes que habitan en el intestino del perro pueden transmitirse a los seres humanos y ocasionar enfermedades, estos parásitos son liberados en forma de huevos a través de la materia fecal. Para evitar esta contaminación de parques, jardines y calles la recolección de las heces y el lavado de manos son imprescindibles.

 

 

En algunos países existen iniciativas que se llevan adelante con el objetivo de erradicar este problema:

 

En enero de este año, Brian Harper de  Worcestershire, Inglaterra, activó la primera farola que funciona con heces de perro de las que se obtiene metano que permite alimentar el sistema, si diez personas depositan la bolsa de papel con las heces  de su mascota en el sistema diseñado por Harper se traduce, directamente, en dos horas de alumbrado nocturno. Para ello, todo lo que hace falta es que los vecinos introduzcan los excrementos en el sistema y, a continuación, roten una manivela varias veces.

 

El año pasado, en la ciudad de Waterloo, en el sur de Ontario, Canadá, se puso en marcha un plan para convertir las deposiciones de perro en energía. La idea es que el dueño del perro recoja los excrementos durante el paseo, pero en lugar de tirarlos en un cesto, lo haga en una especie de buzón verde. Las bolsas con las heces se almacenan en un contenedor bajo tierra entre 10 y 14 días, luego, todo es aspirado y llevado a una planta de procesamiento fuera de la ciudad, donde, junto con otros residuos orgánicos, tiene lugar el proceso de digestión anaeróbica, o sea la degradación de una sustancia orgánica por microorganismos en ausencia de oxígeno. Al final de todo este proceso se obtiene un biogás, que puede ser quemado para producir energía y calor.

 

En 2015 las autoridades de la ciudad de Izumisano, situada en Osaka, en el centro de Japón, desarrollaron una aplicación móvil para denunciar la presencia de heces de perro en la vereda. ¿El objetivo? Crear un mapa interactivo y ayudar a los servicios de limpieza. El modo de funcionamiento es sencillo: quien encuentre materia fecal en la vía pública debe subir una fotografía a través de la "app" y hacer un comentario al respecto. Cuando se carga la foto, la aplicación también envía la ubicación obtenido del GPS del teléfono para crear un mapa en línea con diversos colores. Tras una serie de publicaciones, las áreas con gran cantidad de material fecal aparecen en el mapa para concienciar del problema y ayudar a revisar las rutas de los "G-men (hombres G)", el grupo de trabajadores encargado de retirar los excrementos.

 

En 2013, una prueba piloto ideada por la agencia de publicidad McCann para el Ayuntamiento de Brunete en Madrid, España, y denominada La caca teledirigida, fue premiada por llevar a la realidad una idea original. Quien "olvidarà" accidentalmente la materia fecal de su perro en la vía pública, recibía en menos de 48 horas una caja con un contenido inesperado: los desechos de su mascota con una notificación que advertía sobre los peligros de no levantar el excremento y la posibilidad de ser multado. Aunque fue aplaudida por los vecinos, la iniciativa no duró más de un mes.

 

 

Este problema de la contaminación por excremento de los canes es un problema que entre todos podemos controlar. Debemos manejar en forma adecuada los desechos de nuestras mascotas y proporcionar información a quienes ignoran la gravedad de no hacerlo. Es una tarea que tenemos como sociedad dado el peligro que significa el fecalismo canino al aire libre para la salud humana y animal.

 

 

 

En los siguientes videos podrás encontrar mayor información acerca del tema:



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