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CONTAMINACIÓN AUDITIVA


No todo sonido es considerado contaminación auditiva. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define como ruido cualquier sonido superior a 65 decibelios (dB), dicho ruido se vuelve dañino si supera los 75 dB y doloroso a partir de los 120 db. En consecuencia, se  recomienda no superar los 65 dB durante el día e indica que para que el sueño sea reparador el ruido ambiente nocturno no debe exceder los 30 dB.

 

La contaminación acústica, según la OMS, es uno de los factores ambientales que provoca más problemas de salud. Tan solo en Europa, según la Agencia Europa del Medio Ambiente (AEMA), causa al año 16.600 muertes prematuras y más de 72.000 hospitalizaciones, si es perjudicial para los humanos, también lo es para los animales, la contaminación acústica tiene un gran impacto ambiental y notables efectos adversos en la vida salvaje. De hecho, según los expertos, el ruido puede perturbar los patrones de reproducción, de amamantamiento e, incluso, contribuir a la extinción de algunas especies. Aunque la Pandemia ha reducido a la mitad los ruidos que provoca la actividad humana y ahora es posible escuchar sonidos naturales que con el ruido pasaban inadvertidos, aun así sigue existiendo mucha contaminación sonora.

 

 

Las principales causas de la contaminación acústica son el tráfico automovilístico, el tráfico aéreo, las obras de construcción y  restauración,  actividades  nocturnas y actividades cotidianas a gran volumen.

 

La contaminación acústica presenta  características  que lo diferencian de otros contaminantes:

· Es complejo de medir y cuantificar.

· No deja residuos, no tiene un efecto acumulativo en el medio, pero si tiene un efecto acumulativo en el ser humano.

· Su radio de acción es  menor que otros contaminantes, pues se  localiza en espacios muy concretos.

· Se percibe sólo por un sentido: el oído, lo cual hace subestimar su efecto. Esto no sucede con el agua, por ejemplo, donde la contaminación se puede percibir por su aspecto, olor y sabor.

 

Actualmente la contaminación acústica es una de las mayores preocupaciones en las áreas urbanas. De hecho, ha crecido desproporcionadamente en las últimas décadas. Algunas de las ciudades más ruidosas son Guangzhou en  China,  Nueva Delhi en India, El Cairo en  Egipto, Estambul en Turquía, Barcelona  España, Ciudad de México, Paris Francia, Buenos Aires Argentina y Bombay en India.

 

Algunas reacciones fisiológicas y psicológicas que surgen como consecuencia de sonidos excesivamente altos tienen su origen en el deseo natural de autoprotección. Los animales silvestres reaccionan a sonidos con un estado de alarma, por lo que están más atentos a posibles riesgos, se despiertan, se esconden o se enfrentan a la causa del ruido y el cuerpo reacciona inmediatamente con la secreción de adrenalina.

 

El hombre no es una excepción, por tanto el ruido provoca en él de forma instintiva las mismas reacciones aunque con frecuencias moduladas o inhibidas por la voluntad, lo que incrementa el nivel de estrés.

 

Así podemos observar consecuencias psicológicas, físicas, sociales y económicas:

 

- Malestar y estrés

- Trastornos del sueño

- Pérdida de atención

- Dificultad de comunicación

- Pérdida de oído

- Afecciones cardiovasculares

- Retraso escolar

- Conductas agresivas

- Dificultad de convivencia

- Baja productividad

- Accidentes laborales

 

Diferentes estudios sobre las consecuencias del ruido en las personas manifiestan lo siguiente:

 

· La población expuesta a un nivel de ruido por encima de los 65 decibelios desarrolla a corto plazo un índice superior en un 20% de ataques cardíacos. (Estudio Cohort, presentación en Barcelona a cargo de Dieter Gottlob, de la Agencia Federal Alemana de Medio Ambiente Alemana).

 

· Los niños y los ancianos son más sensibles a los ruidos que perturban su sueño, aunque su reacción no es la misma: mientras los ancianos son más propensos a despertarse debido a la ligereza de su sueño, ambos grupos mostraron alteraciones vitales debido al ruido, aun durmiendo a pierna suelta: alteraciones del pulso, vasoconstricción, modificaciones en el electromiógrafo y en el encefalograma. (Experimento realizado por el Doctor Alain Muzet, del Centro de Estudios Bioclimáticos del CNRS, en Francia).

 

· Con niveles de ruido altos, la tendencia natural de la gente hacia la ayuda mutua disminuye o desaparece, reapareciendo en el momento en que se suprime la presión sonora.

 

· En experimentos de laboratorio con animales se demostró que en un ambiente con ruido superior a 110 decibelios (claxon de automóvil a un metro, sirena de ambulancia a la misma distancia, discoteca, concierto de rock, moto a escape libre, trueno…), los procesos cancerosos aparecen y se desarrollan con mayor rapidez.

 

· Los niños cuyos colegios lindan con zonas ruidosas (industrias, aeropuertos, carreteras con mucho tráfico…), aprenden a leer más tarde, presentan mayor agresividad, fatiga, agitación, peleas y riñas frecuentes, mayor tendencia al aislamiento, y cierta dificultad de relación con los demás.

 

Como dato curioso: el oído necesita algo más de 16 horas de reposo para compensar dos horas de exposición a 100 dB.

Organismos internacionales como la OMS coinciden en señalar que la concienciación de la ciudadanía es fundamental para vencer a este enemigo invisible. Por ejemplo: realizar actividades de ocio sin generar ruido excesivo, evitar el uso del coche y optar por alternativas como la bicicleta o el coche eléctrico, realizar obras domésticas en los horarios recomendados, aislar los hogares con materiales absorbentes de ruido, etc. Para ello, también se vuelve fundamental promover la educación ambiental entre los más pequeños.

 

 

En los siguientes videos encontraras mayor información acerca del tema:

 



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