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LA IMPORTANCIA DEL SILENCIO


Nos enfrentamos como humanidad a un momento que nos pone a prueba en todo sentido, sin embargo, este puede ser un momento propicio para recorrer los caminos de la interioridad y hacer de esta pandemia un tiempo fecundo. Es por ello que tener momentos de silencio nos ayuda a reflexionar, a confrontarnos con nuestros propios fantasmas o como diría Jung con nuestra sombra, el silencio nos ayuda  a escuchar lo que no queremos oír, en definitiva, el silencio es importante, porque nos ayuda a examinar y comprender nuestros sentimientos, para poder crecer en sabiduría, nos reconcilia con nosotros mismos y nos prepara para conocer y reconocer mejor el mundo.

 

El silencio es hoy una necesidad primordial, a veces pareciera que no sabemos escucharnos y, en consecuencia, que tampoco sabemos escuchar a los demás, sin embargo, nadie nos ha enseñado qué hacer para prestar atención, nadie nos ha dicho cómo ejercitarnos en el arte de la percepción. Todos vivimos encerrados en nuestro yo, ignorantes de que existe todo un mundo más allá de nuestros pensamientos y sentimientos, de nuestras emociones, necesidades y deseos. Cultivar el silencio es una auténtica revolución para llegar a todo ello.

 

No es necesario llegar a  momentos de crisis o cambio para buscar el silencio,   no existe el camino espiritual sin el silencio, porque si el gesto es el dominio del cuerpo, y la palabra el dominio de la mente, entonces el silencio es el campo del espíritu, experimentar el silencio es tanto como entrar en la dimensión espiritual que constituye al ser humano. El silencio es ese espacio tiempo en el que no nos vertemos al exterior, sino en el que nos recogemos por dentro.  

 

Con el silencio es posible darse cuenta como en  nuestro interior estamos divididos, aislados de los otros y hasta enfrentados con ellos casi siempre por prejuicios, ideologías o tonterías separados de ese misterio de la vida que los creyentes llamamos Dios.

 

El silenciamiento o recogimiento interior, con independencia de la religión que se profese o sin religión alguna, es una vía para la unificación. El hombre se realiza cuando es uno sin matar a los otros muchos que le constituyen, dándoles un juego armónico.

 

Conviene advertir que el silencio  es algo así como un recuadro en el que cada uno mete lo que es hasta que ese marco vacío se convierte en un espejo en el que se ve por desgracia, lo que no agrada  y, por ello, desviamos la mirada y comenzamos a decir que el silencio no es lo nuestro. Si acaso se persevera,  tal vez llegue el día en que ese espejo se convierta en una ventana y en el que descubramos, maravillados, que hay todo un paisaje y un horizonte interno por contemplar.

 

En los diversos retiros donde se practica el silencio por 48 horas se suele recomendar lo siguiente:

 

NO HABLAR: Resulta obvio que todo silencio suponga abstenerse del lenguaje oral,  esta primera consigna es de hecho la primera que se suele olvidar. Vivir la  experiencia de estar 48 horas sin pronunciar palabra constituye casi siempre para la mayoría una grata novedad.

 

NO GESTICULAR: Aunque parezca increíble, son muchos los que creen cumplir con el silencio si no profieren palabra, comunicándose con los demás mediante muecas o gestos. 

 

NO LEER: muchas veces  se identifica lectura con vida interior, y esa es una equivocación. La lectura, supone un enriquecimiento para la mente, pues por su medio nos abastecemos de imágenes e ideas. Pero el silencio no busca la riqueza interior, sino precisamente la pobreza, lo que en el budismo se llama vaciamiento y en el cristianismo olvido de sí. Los meditadores no se ejercitan en el silencio para llenarse, sino para vaciarse y así,  experimentar esa sed primordial que nos acerca a la Fuente. Nos vaciamos porque vacío y plenitud se dan la mano, porque nada y todo son, como testifican todos los místicos, una única cosa.

 

DESCONECTAR LOS TELÉFONOS MÓVILES: Pasar dos días sin comunicación con el exterior es algo, por lo general, superior a nuestras fuerzas. Casi nadie sabe estar hoy un rato sin conexión a internet; eso es un hecho indiscutible, como demuestra la inmediatez con que se encienden los móviles, a mayor conexión con el exterior, menor con el interior. No es posible estar fuera y dentro de una casa al mismo tiempo. Sin desengancharnos de internet, nuestro retiro del mundo es sólo una ilusión.

 

Al empezar a vivir el silencio comenzamos a parecernos a quienes realmente somos. No es necesario ir a un retiro para poder practicarlo, con 15 minutos diarios de desconexión de diversas fuentes es posible encontrarse a sí mismo.

 

En los siguientes videos encontraras mayor información acerca del tema:



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