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LA PIEDRA EN EL ZAPATO


¿Eres tú,  tú propia piedra en el zapato? ¿Eres la piedrita en el zapato de alguien más? ¿A qué me refiero con esto?  Comúnmente se dice, el peor enemigo que se puede tener es uno mismo, cuando esto es real en consecuencia no se puede estar en paz  con los demás, ni en el trabajo, ni con la familia y mucho menos con el medio ambiente.

 

Eres tu peor enemigo cuando  a pesar de conocer el daño que te hace el ingerir cosa dañinas lo sigues haciendo, cuando a pesar de saber  lo dañino de enojarse con los comportamientos de los demás, de indignarse u ofenderse por sus reacciones se sigue respondiendo con ira o tristeza a esas emociones toxicas de ellos, se es el peor enemigo cuando solo se es capaz de ver lo negativo de los demás,  se es el peor enemigo cuando se acepta que sigan manipulando nuestras  vidas los prejuicios, la comercialización, las tradiciones, y por pereza o comodidad evitar abrir la mente a lo nuevo, a lo que es mejor para la salud, a lo que es mejor para nuestro planeta.

 

La vida nos sigue dando una lección que parece que no termina, esta pandemia sigue con más de  2, 300, 891 de fallecidos y millones más de infectados, miles de personas con la esperanza de que una vacuna evite la propagación de esta enfermedad pero sin hacer la tarea de esta gran lección, hacer un cambio profundo y permanente de nuestra forma de  vida, un cambio en nuestras relaciones con los demás, en la relación con uno mismo, en la relación con la naturaleza, con la fauna,  con nuestro planeta,  ¿Qué más necesitamos como humanidad para abrir los ojos a la verdad? Íbamos por mal camino en pos del placer y el confort, la indiferencia, la superficialidad y el egoísmo, eso mismo nos enfermó, todavía  podemos dejar lo inútil, lo dañino, cada quien puede hacer esos cambios e influir de manera positiva en los demás,  esa es la manera de empezar a  alejar a ese virus de los seres humanos.  Muchos hemos descubierto la alegría del poder despertar en la mañana y ver al de al lado dando gracias de poder seguir viviendo, otros hemos disfrutado del sacrifico y a la vez placer de realizar ejercicio, de una deliciosa taza de té, de comer comida sana, de ir por la calle escuchando los sonidos naturales, mucho se había perdido por las moda, las luces,  la fama, el poder, el tráfico, no esperemos  al terminar esta pandemia volver al ritmo de vida anterior, volver a realizar lo mismo a lo que nos llevó esta crisis mundial. Hagamos nuestra tarea diariamente, revisar esa piedritas que nos hacen desconectarnos con uno mismo y con lo que nos rodea, caminar con comodidad en nuestros propios zapatos, y ver con calma y paciencia a los demás, seguimos teniendo la oportunidad de cada día que abrimos los ojos, empezar a ser ciudadanos del mundo, pasemos este examen con excelencia, nuestros descendientes nos los agradecerán, esperemos  llegar a pasar esta prueba.  


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