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ESCULTURA “IL DISINGANNO”


 

Esta escultura también conocida como El desengaño, fue creada por el artista genovés Francesco Queirolo en el siglo XVIII. La escultura es  considera la obra maestra de este  artista italiano.

 

El desengaño representa una escena tanto bíblica como alegórica. En ella aparecen dos personajes: un ángel y un pescador. El ángel está parado sobre un globo mientras libera al hombre de la red y flota sobre telas exquisitas. Según el Museo Capella Sansevero, la red simboliza el pecado, mientras el ángel libera al pescador, perdona sus pecados y le presenta la Biblia, que yace a sus pies.  Para hacer énfasis en esta idea de liberación,  Queirolo adornó las páginas del libro con un pasaje en latín: “Romperé tu cadena, la cadena de las tinieblas y de la larga noche de la que eres esclavo para que no seas condenado en este mundo”.

 

Además de los motivos religiosos, la escultura también incorpora otros símbolos, por ejemplo, la llama sobre la cabeza del ángel representa la inteligencia humana, mientras que el globo hace referencia a las pasiones mundanas, estos elementos coinciden con la idea de que “la fragilidad humana, no puede conocer grandes virtudes sin el vicio”. Aunque el simbolismo de esta escultura es fascinante, los detalles escultóricos de El desengaño, en particular, de su hermosa red tallada, son los que han conquistado al público durante siglos. A primera vista puede parecer que la estructura se compone de cuerdas entrelazadas; sin embargo, basta observarla de cerca para darse cuenta de que la red está hecha de un solo bloque de mármol.


 

Se dice que Queirolo tardó siete años en fabricar esta red de mármol que elaboró sin un taller, aprendices u otra forma de ayuda externa. La razón de esto, según el Museo de la Capilla Sansevero, fue que incluso los escultores más especializados “se negaron a tocar la delicada red en caso de que se rompiera en sus manos”, la determinación de Queirolo rindió frutos, pues gracias a su elaborada red, esta bella y delicada obra de arte ha sido elogiada durante los últimos 250 años.

 

Giangiuseppe Origlia, un aclamado historiador italiano, llamó a la pieza “la última y más difícil prueba a la que puede aspirar la escultura” en 1754, mientras que la novelista del siglo XX Matilde Serao la describió poéticamente como “un cierre singular de la vida, un término singular para todas las sublimidades, todas las pasiones, todos los amores,  la liberación del engaño y nada más”.


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