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LA RESILIENCIA


Debido a las crisis económica, política, cultural y social por la que se atraviesa a nivel mundial, se han generado  trasformaciones sociales importantes. Estas transformaciones sociales marcadas por la incertidumbre, inseguridad, desesperanza e impotencia han impulsado a buscar una respuesta encontrando en la espiritualidad un sentido y significado a lo que le pasa. En este momento necesitamos ser resilientes a nivel mundial para afrontar los cambios necesarios para seguir en el desarrollo tanto a nivel personal como en conjunto con la sociedad.

 

La resiliencia se define como la capacidad de los seres humanos para superar períodos de dolor emocional y situaciones adversas, saliendo fortalecido de ellas. Todas las personas tenemos la capacidad de sobreponernos a un estímulo adverso, pero el uso decidido y firme de esta capacidad es lo que nos hace realmente resilientes.  Se puede  comprender la resiliencia como “el arte de rehacerse”.

 

Los dolores psicológicos pueden ser muchos y originarse por diversas causas; se pueden presentar como conflictos, en forma de peleas o discusiones, pérdidas, enfermedades y todo tipo de duelo, sin embargo la resiliencia no es  una vacuna contra el sufrimiento, ni un estado adquirido e inmutable, sino un proceso, un camino que es preciso recorrer  para sobrellevar o superar un evento significativo en la vida de una persona o grupo familiar que vive una experiencia compleja que genera una crisis familiar o personal.  

 

La resiliencia comenzó a estudiarse  en niños y niñas que habían pasado su niñez en condiciones traumáticas o privados de cariño o cuidados, es decir, habían tenido dificultades para desarrollar una relación de apego seguro en la que su cuidador, cuidadora o figura significativa le diera amor de forma incondicional.

 

Este hecho provoca una vulnerabilidad afectiva y relacional por ser una etapa muy importante en el desarrollo de los patrones de comportamiento y relación de la persona consigo misma y con los demás: si desde muy pequeño un niño tiene rechazo, abandono o inatención, su ánimo va a ser más variable, llora más, le costará diferenciar si tiene hambre o sueño, si se porta bien o mal… la estructura más básica que necesita para comenzar a comprender el mundo se sostiene por débiles pilares, y eso no favorece las capacidades resilientes. 

Posteriormente, conforme el niño crece, pueden generarse otras posibilidades de generar vínculos o relaciones reparadoras del proceso anterior, por lo que un niño o adolescente podrá reconstruir parte de lo que en un primer momento no pudo forjarse.

Este  proceso dinámico, en interacción con otras personas,  es susceptible de ser entrenado y reforzado a cualquier edad.

Para mejorar nuestra resiliencia necesitamos fortalecer las cualidades que nos permiten una adaptación positiva en una situación de adversidad o sufrimiento. Probablemente tengamos desarrolladas más unas cualidades que otras, lo ideal sería equilibrar o reforzar aquellos aspectos que necesitemos sin tratar de abarcar todos, y lo que es muy importante, a nuestro ritmo.

 

 

CUALIDADES  A FORTALECER PARA SER   RESILIENTE

 

1. EL AUTOCONOCIMIENTO Y LA AUTOESTIMA: Saber cuáles son las principales fortalezas y habilidades, así como las limitaciones y debilidades para poder trazar metas  objetivas y realistas e identificar los aspectos en los que podemos mejorar es un camino directo a fortalecer la autoestima y autoconfianza. Mejorar la capacidad de reconocer y expresar las emociones sobre todo en momentos en que se está sufriendo, también  permite identificar emociones de rabia o enfado que estan haciendo comportarnos de una forma poco saludable. La persona con mayores conocimientos de sí misma y de la realidad, puede procesar y elaborar más eficazmente los traumas y los factores estresantes.

 

2. LA EMPATÍA: La empatía es la capacidad de entender al otro y ponernos en su lugar, comprender sus sentimientos, a través de comprender los propios.

 

3. EL AFRONTAMIENTO DE LA ADVERSIDAD: Afrontar la adversidad con humor es propio de personas resilientes. Ser capaces de reírse de la adversidad y sacar una broma de las situaciones difíciles ayuda a superarlas. Esto no quiere decir que en mitad de un funeral se tenga que usar el humor de forma obligada, sino que una vez esa situación dolorosa haya pasado seamos capaces de recordar a esa persona en momentos divertidos, que busquemos ratos felices que pasamos con él o ella o incluso nos acordemos de algo gracioso que solía decir o hacer. Creer que uno puede aprender con cada experiencia, sean éstas positivas o negativas permite seguir creciendo y madurando a lo largo de la vida.

 

4. CONCIENCIA DEL PRESENTE Y OPTIMISMO: Tener  el hábito de vivir en el aquí y ahora, el presente, sin que las culpas del ayer o la incertidumbre del futuro  enturbien el momento que se está experimentando. Disfrutar de los pequeños detalles y no perder la capacidad para asombrarse ante la vida; de esta forma es más fácil enfocarse en los aspectos positivos que nos ofrece cualquier situación, complicada o no. La conciencia del presente, puede resultar complicado con los ritmos de vida actuales pero hay formas de entrenar esta conciencia del momento presente, como el mindfulness.

 

5. FLEXIBILIDAD COMBINADA CON PERSEVERANCIA: La existencia de un propósito significativo en la vida es otra de las características de una persona resiliente.  El hecho de que las personas resilientes sean flexibles no implica que renuncien a sus metas, al contrario, si algo las distingue es su capacidad de lucha, pero cuando esta deja de tener un sentido, pueden cambiar el rumbo sin necesidad de sentirse mal por haber abandonado su objetivo inicial.

 

6. SOCIABILIDAD: Las personas con resiliencia saben cultivar y valorar sus amistades. Generalmente se rodean de personas que mantienen una actitud positiva ante la vida. De esta forma, logran crear una sólida red de apoyo que les puede sostener en los momentos más difíciles. Asimismo es muy valiosa la capacidad de escucha, tanto de  las personas que nos rodean como de uno mismo; ellas pueden tener información que complementa la propia, igualmente reconoce la importancia del trabajo en equipo y sabe pedir ayuda cuando se necesita, incluso sin dudar en buscar ayuda profesional si se necesita.

 

7. TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN Y A LA INCERTIDUMBRE: Una de las principales fuentes de tensiones y estrés es el deseo de querer controlar todos los aspectos de la vida, porque se tolera mal la incertidumbre. Una forma de ganar seguridad y vivir con menos tensión emocional es precisamente, aprendiendo a lidiar con la incertidumbre, para que cause el menor malestar posible.

 

 

En los siguientes videos podrás encontrar mayor información acerca de este tema. El primero es una entrevista a un famoso neurólogo y siquiatra con amplia experiencia:

  



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