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LA PRÁCTICA DEL SILENCIO


La exposición a ruidos y sonidos  excesivos puede ser la causa de  una  presión arterial elevada, problemas de sueño,  estrés, enfermedades cardiovasculares, e incluso problemas con el tránsito intestinal y trastornos digestivos.  Además el exceso de ruido perjudica al  cerebro mermando la capacidad de concentración y  memoria, por todo esto la práctica del silencio ayuda al  cuerpo, mente y, sobre todo al  desarrollo espiritual.

 

Muchos  piensan que el silencio es sinónimo de soledad por lo cual se desconciertan y se asustan, sin embargo nada consigue calmar más al cuerpo y a la mente que unos minutos de silencio, de hecho la ciencia ha demostrado que ni el sonido más relajante del mundo puede mejorar los beneficios que ofrece el silencio.

 

En el silencio se puede encontrar una espiritualidad más profunda, sin que importe la situación o los éxitos económicos o laborales. Se puede llegar a tener una mejor relación con uno mismo, con los demás y por consiguiente mantener la calma en situaciones problemáticas u obstáculos del día a día.

 

Cualquier momento es bueno para estar en silencio. Uno de ellos es la noche, hay personas que optan por escuchar la radio, se duermen con la tele y hasta escuchan música relajante para poder conciliar el sueño,  pero lo mejor a la hora de irse a la cama es el silencio, imaginando el mar u otro espacio de la naturaleza y realizando respiraciones profundas.

Otro momento idóneo para practicar el silencio a diario es por la mañana, al levantarse, como una rutina, esta fórmula ayuda a “cargar las pilas” para llevar la jornada y centrarse en lo realmente importante.

 

Por supuesto, es conveniente hacer silencio cuando el cuerpo lo necesita, sea la hora que sea. Las señales de que el cuerpo necesita momentos de calma para recuperar la paz interior y gestionar así las tensiones del día a día, es cuando se notan palpitaciones, nudo en el estómago, respiración alterada, dolor de cabeza, transpiración,  entonces es conveniente relajarse y hacer ejercicios de respiración, si es posible preguntarse: ¿qué está pasando? ¿Qué estoy sintiendo? ¿Dónde lo estoy sintiendo? ¿Qué puedo hacer ante ello?   Parar y estar en silencio ayudara a calmar la mente y relajar el cuerpo, no es necesario aislarse del mundo ni desaparecer hacia un lugar remoto para disfrutar de esos momentos de paz.

 

Bastan de 10 a 15 o 20  hasta 30 minutos al día, seguidos o en distintos momentos (mañana y noche preferiblemente), para disfrutar del silencio y de todos sus beneficios.

 

Para entrar en silencio primero hay que ser consciente de que se necesita la relajación y la tranquilidad, una respiración tranquila, en la que uno se  escuche a sí mismo, es una manera de iniciar el silencio. Hacerlo en soledad será más efectivo y más fácil.

 

En los siguientes enlaces podrás encontrar mayor información acerca de este tema:



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