· 

LA NEUROSIS


Un trastorno neurótico no es una enfermedad en el sentido biológico o  neurológico del término. Es un concepto psiquiátrico que hace referencia a un problema del ser humano, un dilema existencial que se vincula al hecho de cómo nos relacionamos con nosotros mismos y de cómo afrontamos la vida. Se caracteriza por conflictos cuyas raíces se  remiten a la primera infancia entre distintas instancias del aparato psíquico. Más específicamente, entre el “Yo” (instancia oficial, formal dedicada al vínculo con la realidad y el mundo exterior) y el “Ello” (instancia intrapsíquica que condensa y nuclea las pulsiones inconscientes). En resumen, se trata de un conflicto de la persona con sus propios deseos. Esta afección es el producto del proceso represivo, o en otras palabras, del rechazo y exclusión de deseos, ideas, pensamientos o imágenes inadmisibles a la consciencia y que no han tenido acceso ni elaboración suficiente por ella. ¿Y por qué resulta una  representación inadmisible para la conciencia? Sencillamente, porque va a contramano de las exigencias morales, ideales y valorativas que el proceso de socialización impone al individuo.

 

Estas características que solo a nosotros como humanos, nos son propias tales como el deseo, la capacidad de elección, la percepción de trascendencia, estar a la búsqueda de algo más, cuando van acompañadas de una cierta desesperación o expresión de sufrimiento en forma de ansiedad o malestar emocional y producen dificultades para adaptarse al entorno, mantener relaciones saludables o una incapacidad para llevar una vida satisfactoria, es cuando hablamos de un trastorno neurótico. 

 

Estos trastornos neuróticos se vinculan al hecho de vivir la existencia a partir de una interpretación desenfocada de uno mismo y esta misma interpretación, a menudo persistente, genera angustia y malestar. Personas que se frustran y se culpan con facilidad, que se preocupan en exceso, que nunca se acaban de sentir preparadas, que posponen sus decisiones y se ven a sí mismas por la vertiente más perjudicial.

 

La neurosis hace referencia a un patrón de conducta repetitivo que suele producir relaciones inadaptadas con el otro, con su entorno y consigo mismo. 

 

Una cierta desesperación por no querer ser uno mismo, (y tener que serlo), o una cierta desesperación por querer ser uno mismo, (y no poder serlo). Todo ello puede potenciar la aparición de síntomas del espectro de la ansiedad o la depresión.

La clasificación clásica describe tres tipos de neurosis: la obsesiva, la histérica y la fóbica. Cada una de ellas representa diferentes modos de situarse delante del vacío existencial que a menudo, puede producir angustia. También representan diferentes modos de hacer con el deseo, la toma de decisiones, la incertidumbre y la siempre compleja relación  con los otros.

 

La neurosis obsesiva está estructurada alrededor de un deseo prevenido e imposible de realizar, nunca acaba de llegar a su objetivo, la duda y la procrastinación son sus insignias y todo debe estar bajo control.

 

La neurosis histérica se fundamenta  en un deseo insatisfecho, da igual lo que elija, siempre persistirá la sensación de pérdida, lo mejor siempre será lo que no se tiene y sus decisiones siempre le llevan a elegir  lo que no quiere, o lo que le hace sufrir. Los síntomas somáticos son frecuentes.

 

La neurosis fóbica evitará el contacto con lo que quiere o le gusta, el miedo dirigirá su vida y la angustia fomentará una conducta evasiva y evitativa.

 

 

Estas estructuras de personalidad, sea en su modalidad fóbica, histérica u obsesiva, responden a un abanico muy amplio, desde sus formas más banales y cotidianas hasta sus modalidades más mórbidas, y pueden presentar manifestaciones sintomáticas agudas, desde crisis de angustia severas hasta diferentes formas de depresión y somatización.

 

Para realizar el diagnóstico de este tipo de afecciones es fundamental tomar en cuenta la historia de vida del sujeto con la finalidad de localizar las causas de origen de su patrón de lectura desenfocado y así poder establecer un tratamiento que tenga en cuenta su singularidad y su historia.

 

El tratamiento de base de la neurosis es psicológico pero, según su nivel de gravedad, puede ser necesario un tratamiento combinado de psicoterapia y tratamiento farmacológico.

La psicoterapia está dirigida a cambiar las cogniciones equivocadas y la interpretación desenfocada que el sujeto ha construido sobre sí mismo.

 

El tratamiento farmacológico tiene un papel de apaciguador de los síntomas agudos, cuando estos sobrepasan el umbral de sufrimiento personal. La neurosis nos ayuda a recordar que el tratamiento del malestar emocional no debe dirigirse solamente a la supresión de los síntomas agudos, sino que debe tener en cuenta la estructura de personalidad que es la causa de éstos.

 

La neurosis se expresa a través de los siguientes síntomas:

• Sensación de angustia sin saber por qué.

• Sentimientos intensos de culpabilidad, inferioridad, envidia e ira.

• Sentimientos de inadecuación e insuficiencia ante la realidad.

• Inhibición y poca espontaneidad.

• Conductas compulsivas.

• Pensamientos obsesivos y auto reproches constantes.

• Preocupaciones catastróficas irreales.

• Fobias hacia objetos, animales o situaciones.

• Incapacidad para tolerar frustraciones y dificultades cotidianas.

• Insatisfacción sexual.

 

Además de lo anterior, también pueden presentarse somatizaciones sin causa o raíz médica aparente como: parálisis, dolores, impotencia psíquica-sexual, insomnio, tics, vómitos, cegueras y otras.

 

Es importante mencionar que existen grupos de autoayuda tales como Neuróticos Anónimos donde asisten personas que presentan estos padecimientos.

 

Te dejo los siguientes enlaces donde podrás encontrar  mayor información acerca de este interesante tema, el primer video es acerca del Programa de  Neuróticos anónimos, un video largo pero con información muy interesante acerca de este padecimiento:




Escribir comentario

Comentarios: 0